Guillem Colom y la primavera

 

por

Llorenç Vidal

 

La primavera, el momento en el que, según Virgilio en su Égloga tercera, "el año está en su más bella estación", ha sido y sigue siendo un tópico acariciado por los poetas de todos los tiempos y de todos los lugares. Y de este tópico no han escapado ni nuestros poetas populares ni nuestros poetas cultos, como los de la Escuela Mallorquina.

 

Nacido en 1890 y fallecido en 1979, Guillem Colom fue un ejemplo de cantor captado por el embrujo de la estación de las flores. Y así se refleja en muchas de sus composiciones, como ocurre, por ejemplo en su "Primavera Toscana", fechada en Fiésole en 1923 e incluida en su libro "Pedrís al sol" (1956), y que se inicia con esta cuarteta:

 

"Primavera Toscana.

Verdors de paradís,

núvols de seda i llana

sobre els tossals d'Assís".

 

Sigue cantando los "costers de blanca argila", la "vinya", el "xiprer" y las "oliveres" recortándose en el azul del cielo mediterráneo y concluye con una evocadora identificación de estación y paisaje:

 

"Divina transparència

d'un cel viu i pregon...

I al llarg del riu, Florència

-primavera del món!".

 

"Florència, primavera del món", sutil transparencia de una visión ultrameteorológica a través de una de las más bellas alegorías en piedra que el ser humano haya construido a lo largo de los tiempos...

 

W. Shakespeare, en "Locksley Hall", comenta que "en primavera la fantasía del joven se ilumina con pensamientos de amor". Sí, la mayoría de las veces con pensamientos de amor físico y en otras ocasiones con pensamientos de amor hacia un elevado ideal. Me trae esto a la memoria otra estrofa, ahora de "La cançó dels joves", recogida en "Iuvenília" (1918), donde, con ardor juvenil inflamado de ideal, nuestro poeta entona:

 

"Sempre el caliu

d'un ideal fervent

cremi ben viu

dins nostre pìt ardent

i encengui amb foc sagrat la sang adolescent!".

 

Entendiendo, naturalmentre, que este ideal no sea un pseudoideal -como los que predican los grupos integristas de las idelogías religiosas y políticas más dispares y que llevan al odio, la división, la intolerancia, la incomprensión, la insolidaridad, la violencia y la guerra-, sino un ideal positivo de amor, de fraternidad, de tolerancia, de comprensión, de solidaridad, de no-violencia y de paz.

 

Son numerosas las diferencias que me separan del pensamiento de Guillem Colom -al que los cuadernos literarios "Ponent" otorgaron en 1961 la "Copa d'Argent de les Lletres Balears"-, pero admiro la primavera perenne de su poesía, esta primavera perenne -( paradoja de primavera en invierno!- que me emocionó especialmente en su poema "Nadal en guerra clamant per la pau", un alegato poético "contra els horrors de la metralla", publicado en el número 2 de la segunda etapa de "Ponent" (1975) y que extrañamente en la "Antologia Lírica" (1984) póstuma figura en su versión primeriza, "Nadal en guerra", de 1937, tal como fue recopilado en "Ofrena Mística" (1949), mientras que la versión revisada de 1975 supera la primera en amplitud y universalidad de conceptos e, incluso, en belleza y perfección formal. Esta versión mereció amplios elogios del Dr. Franz Rauhut, Catedrático de Filología Románica en la Universidad de Wurzburgo, uno de los líderes del movimiento pacifista alemán y -sorprendente y positivamente para mí- conocedor personal de la obra de Guillem Colom.

 

Y fue esta admiración por la primavera perenne de su poesía la que, más allá de los matices ideológicos divergentes, pero siempre respetuosos, me llevó a dedicarle el siguiente poema-epitafio, escrito en mallorquín popular:

 

EN ES TRASPÀS D'ES POETA GUILLEM COLOM

 

Mestre de forma precisa,

glosador de terra i mar,

cantor de sa nostra història,

poeta fort d'ideals,

ara que en creixent de lluna

nostra Mallorca heu deixat,

des d'aquesta illa enclavada,

terra d'es nostros combats,

vos desig un vol de sòmits

p'es jardins d'es món astral.

 

Llorenç Vidal

 

(Última Hora, Palma de Mallorca, 24 de mayo de 1994)

 

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