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Reflexionando con William James,

cien años después

 

por

Llorenç / Lorenzo Vidal

 

 Se cumple hogaño el primer centenario del fallecimiento del filósofo norteamericano William James, cuya influencia en el devenir del pensamiento filosófico occidental es no sólo evidente, sino incuestionable. Suya y de su obra "Pragmatismo" es la afirmación de que la filosofía, aunque "no da de comer", como suele decirse, "puede inspirar valor a nuestras almas", por lo que "aunque sus modos de expresión, sus dudas y sus cuestionamientos, sus sutilezas y su dialéctica, repugnen tan a menudo a la gente común, ninguno de nosotros podríamos apañárnoslas sin los lejanos e intermitentes destellos de luz que arroja sobre los horizontes del mundo". Y es en esta misma obra donde desarrolla las bases de su concepción filosófica y nos diseña el pragmatismo como un nuevo nombre para antiguos modos de pensar y visto no como una nueva teoría, sino como un método de pensamiento, según el cual interpretamos y valoramos cada cuestión trazando sus consecuencias prácticas, por lo que las cuestiones metafísicas puramente teóricas y divorciadas de la vida, con debates tan interminables a lo largo de la historia, son consideradas como meras elucubraciones carentes de importancia.

 

Esta visión pragmática está muy en consonancia con la mentalidad contemporánea, una de cuyas características es una alta dosis de utilitarismo, frecuentemente exacerbado, fruto de un cierto desengaño, a veces incluso amargo desengaño, ante las ideologías que tanto nos han manipulado y que todavía intentan manejarnos y manipularnos en nuestras perspectivas y en nuestros proyectos vitales individuales y colectivos.

 

Profesor en Harvard y considerado el creador de la psicología de la religión, en su obra "Las variedades de la experiencia religiosa", después de una amplia exposición descriptiva rica de conocimientos y de matices, nos ofrece una concepción de carácter analítico, comparativo e inductivo del fenómeno religioso que considero muy importante conocer para reflexionar sobre la misma, sobre todo en estos momentos en los que la coexistencia de distintas confesiones en un mismo solar geográfico forma parte del pluralismo democrático. Sin embargo, a diferencia de otros estudios de religión comparada, se aleja tanto de la apologética como del agnosticismo crítico para reflejar el resultado de sus investigaciones de una forma psicológica lo más neutra posible, neutralidad filosófica que puede parecer fría a algunos y que, sin embargo, conviene considerar positiva y un producto natural de su enfoque pragmático. Además tiene la humildad de ofrecernos sus conclusiones como unos resultados perfectibles, con estas palabras: "Resumiendo de la manera más amplia posible las características de la vida religiosa tal como las hemos encontrado, ésta incluye las siguientes creencias".

 

Y las tres creencias básicas que, de una u otra forma, integran el acervo religioso común son, en primer lugar, la creencia de que "el mundo visible es parte de un universo más espiritual del cual extrae su significado principal", pero no define ni el concepto de "universo más espiritual" ni el de "significado principal", ya que esto se diversifica según de las creencias de cada religión, en lo que él no entra.

 

La segunda creencia básica y también diversificable, como la anterior, es que "la unión o relación armoniosa con este universo superior es nuestro verdadero fin". La manera de concebir esta "unión o relación armoniosa" ya no forma parte del sustrato básico, sino de la concepción propia de cada confesión y de cada individuo.

 

Y la tercera creencia básica, sin presuponer nada ni en pro ni en contra de su trascendencia, es que "la plegaria o comunión interior con el Espíritu -sea ‘Dios’ o sea ‘Ley’- es un proceso dentro del cual se realiza la acción, y la energía espiritual fluye dentro de ella y produce efectos psicológicos o materiales en el mundo de los fenómenos".

 

Junto a estas tres creencias básicas, la religión, sin abandonar a William James, también incluye "un nuevo placer que se añade como un regalo a la vida, y toma la forma bien de encanto lírico, bien de llamamiento a la buena fe y al heroísmo", así como ofrece también a los creyentes "una seguridad de salvación y una disposición a la paz y, en relación con los demás, una preponderancia de actitudes amorosas".

 

Estas conclusiones, que nos pueden ayudar a acercarnos y a comprender a los fieles de las distintas tradiciones, se suponen válidas, sobre todo las dos últimas, siempre que no se caiga en la hipocresía, en el fanatismo, en la intransigencia o en la intolerancia, que son, todas ellas, formas adulteradas y degeneradas del sentimiento religioso. Como dijo el gran místico neo-hinduista Ramakrishna: "No discutáis sobre doctrinas y religiones. No hay más que una. Todos los ríos van al océano. Id a él y dejad que vayan los demás".

 

William James, nacido en New York en 1842 y fallecido en Chocorua, New Hampshire, en 1910. Un rincón cualquiera del planeta Tierra, 2010. Un centenario y una sencilla reflexión.

 

Llorenç Vidal

 

(Última Hora, Palma de Mallorca, 21 de abril de 2010)

(La Voz de Cádiz, Cádiz, 1 de junio de 2010)

 

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