Reflexión sobre el regionalismo

 

por

Llorenç Vidal

 

El regionalismo es una constante histórica, artística y literaria que aparece, se apaga y reaparece de forma periódica en la escena cultural y socio-política de los pueblos. Su concepto es poco preciso, como imprecisa es la noción de región, ya que ambos admiten multiplicidad de acepciones y variantes, según los lugares y las épocas.

 

El "Diccionari català-valencià-balear" define el "regionalisme" como "amor a les coses regionals" y como "doctrina política segons la qual cada regió ha d’esser administrada i governada d’acord amb la seva manera d’esser, amb les seves aspiracions, amb les seves tradicions, sense esser absorbida dins l’administració general de l’Estat" (“amor a las cosas regionales” y como “doctrina política según la cual cada región ha de ser administrada y gobernada de acuerdo con su manera de ser, con sus aspiraciones, con sus tradiciones, sin ser absorbida dentro de la administración general del Estado”).

 

El "Diccionario de la Real Academia Española" define el regionalismo como la "tendencia o doctrina política según la cual en el gobierno de un Estado debe atenderse especialmente al modo de ser y a las aspiraciones de cada región." y como el "amor o apego a determinada región de un Estado y a las cosas pertenecientes a ella".

 

Y Alphonse Bermeylen en su ponencia sobre "Unamuno y el regionalismo", después de precisar que "El análisis del tema regionalista en los escritos unamunianos supone ante todo una definición exacta del concepto ‘regionalismo", añade que "de modo general se puede definir como tendencia a insistir en la importancia de la región frente a entidad o entidades más amplias de la vida social".

 

Sin abandonar del todo el ángulo unamuniano (siempre es bueno, aunque no sean infalibles, recordar y evocar las enseñanzas de los viejos maestros), podemos distinguir tres aspectos, a la vez diferenciados y complementarios del fenómeno regionalista, tres aspectos que no podemos soslayar:

 

El regionalismo cultural que destaca e insiste en el valor y la conveniente defensa de la idiosincrasia propia de cada región, tal como se refleja en un modo propio de vivir, de sentir y de enfocar su cotidianidad, así como su creatividad artística y literaria, relacionada las más de las veces con una lengua, dialecto o modalidad lingüística tradicional.

 

El regionalismo socio-económico, entendido como la tendencia a reivindicar el derecho de cada región a una planificación, administración y ejecución de su desarrollo socio-económico de la manera más conveniente para sus ciudadanos.

 

Y el regionalismo político, consistente en la aspiración y la voluntad activa, de establecer estructuras políticas estables, tradicionales o actualizadas, que garanticen la autonomía cultural, política y socio-económica de las distintas regiones.

 

Y en este triple sentido hay que entender e interpretar los distintos regionalismos, ya sea el regionalismo mallorquín o balear, el regionalismo andaluz, el regionalismo extremeño, el regionalismo siciliano o el regionalismo provenzal, así como su vigencia en el siglo XXI, ante el peligro de las uniformizaciones y absorciones de las entidades regionales diferenciadas por unidades de coexistencia de tendencia expansionista.

 

No cabe decir que, al socaire en la oscilación y alternancia de las fuerzas centrípetas y centrífugas que se desarrollan en el seno de los pueblos y de los estados, el regionalismo puede verse unas veces sofocado o constreñido a tímidas reformas administrativas más o menos descentralizadoras, que no son verdadero regionalismo, y otras puede verse sobrepasado por un nacionalismo separatista e independentista. En el campo histórico y previamente a que estos conceptos tomaran carta de identidad propia, tenemos en nuestra historia el caso centrípeto del Califato de Córdoba, unificador de las Españas, y, en el lado opuesto, el ejemplo centrífugo de los reinos de taifas. Y, en el lado cristiano, de una parte el enfoque variablemente centrífugo los reinos privativos independientes y de otra el enfoque centrípeto de la España unida, que va desde una unificación pluralista en tiempos de los Reyes Católicos y de la dinastía de los Austrias hasta la unificación a ultranza implantada, después de la guerra de sucesión, por el Decreto de Nueva Planta y vigente durante todo el dominio borbónico hasta la caída de Alfonso XIII, así como, después de la guerra civil de 1936-1939, durante la dictadura del General Franco.

 

Sea como sea, empero, el fenómeno regionalista -como simple sentimiento, como creatividad cultural o como voluntad socio-política- nunca desaparece del todo, sino que se sumerge y emerge periódicamente y, en sus reapariciones, se remodela según las circunstancias geográficas e históricas de cada lugar y de cada momento. Y, en su moderación y equidistancia de los extremos, así como en su maleabilidad y flexibilidad, espera el momento propicio para hacerse presente de nuevo y decirnos, en palabras del emérito y contradictorio Rector de la Universidad de Salamanca, que "Tenemos que defender lo que nos diferencia tanto como lo que nos une"... Y hasta tal punto que en los momentos actuales uno se siente inclinado a decir, semiparodiando el título de una de sus obras: "San Miguel de Unamuno, bueno y mártir, rogad por nosotros".

 

Llorenç Vidal

 

(La Voz de Cádiz, Cádiz, 9 de noviembre de 2007)

(Última Hora, Palma de Mallorca, 20 de noviembre de 2007)

 

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