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Algunas visones poéticas

de la Navidad alternativa

 

por

Llorenç Vidal

 

La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a las visiones dulces de la Navidad, familiares, folklóricas, edulcoradas con purpurina y papel de celofán de mil colores, con nuestros entrañables belenes y los vistosos árboles repletos de regalos para familiares y amigos... Pero ¿hemos pensado alguna vez -supongo que sí- en las navidades alternativas de quienes no tienen belenes ni árboles multicolores, de quienes son extremadamente pobres en el tercer mundo o en ese cuarto mundo que se esconde en los rincones casi ignorados de nuestra opulenta sociedad occidental? Y traigo esto a relucir en estas fechas porque pienso, como el poeta malagueño Francisco Arias Solís, que "la Navidad dentro del cristianismo es un hecho trascendental y permanente que siempre empieza y nunca termina".

 

No olvidemos que en nuestro Nadal insular ya está el emblemático canto de sa Sibil.la -al que recientemente, en su bien cimentado libro "El cant de la Sibilla a Mallorca", ha dedicado un extenso y documentado estudio el historiador y musicólogo Francesc Vicens- que nos recuerda con acento apocalíptico que

 

"Jesucrist Rei Universal,

Home i ver Déu eternal,

Del cel vindrà per a jutjar

I a cada un lo just darà".

 

Advertencia escatológica y amonestadora que contrasta con el despreocupado sabor a turrón y a ensaimada de la fiesta hogareña de nuestra tradición popular. Por eso, sin necesidad caer en el duro extremismo agnóstico de Carlos Omar Berón, que, no carente de base en los momentos actuales, presenta la Navidad como "la venta disfrazada de regalo" y más todavía como un "travestismo de la piedad", sí podemos contemplar otras visiones, como la ecológica del poeta de la beat generation Lawrence Ferlinghetti, cuando nos dice:

 

"Cristo se bajó

de su árbol desnudo

este año

y huyó a donde

no hubiera árboles de navidad arrancados

"Cristo se bajó

de su árbol desnudo

y huyó a donde

no hubiera árboles de navidad dorados

ni árboles de navidad plateados

ni árboles de navidad de papel de estaño

ni árboles de navidad de plástico rosado

ni árboles de navidad de oro

ni árboles de navidad negros

ni árboles de navidad celestes

adornados con velitas eléctricas de lata

y tíos pesados y creídos".

 

O, más conocida entre nosotros, la del Nadal dels pobres de Joan Salvat Papasseit, que, cuando uno lo lee, se le hiela el corazón:

 

"Demà, posats a taula, oblidarem els pobres

-i tan pobres com som-, Jesús ja serà nat.

Ens mirarà un moment a l'hora de les postres

i després de mirar-nos arrencarà a plorar".

 

Sin olvidar el ángulo similar que nos ofrece el escritor santanyiner Miquel Pons cuando en su narración "En Lluc", perteneciente a su obra "El poble" -que, después de obtener el premio Ciutat de Palma, permaneció inédita hasta que ahora en el volumen antológico El dimoni i els altres ha sido recopilada poniendo a nuestro alcance, en palabras de Pere Rosselló, este "poble com a microcosmos en la narrativa de Miquel Pons"-, nos dice con una descripción vivaz, penetrante y con acentos de costumbrismo realista matizados por detalles poéticos:

 

      "En pau, el dia de Nadal, va menjar i beure com un ric més. Oblidà la seva certificació de pobre, que tots els dies li recordava la gàbia buida.
      "Sol, al front del betlem, una botella de xampany a la mà, torró de fruites i coca, En Lluc cantava villencets, reia, reia molt i oblidava que demà, de bell nou, seria pobre.

      "De les bigues tortes i corcades penjaven neules blanques, com a llunes caligrafiades, mogudes per l’oratge que entrava per la vella porta".

 

No podemos pasar de largo ante la más frecuente estampa que nos ofrece Miquel Martí Pol -un poeta muy vinculado a Mallorca, no olvidemos que su primer libro "Quinze poemes" fue publicado en la colección La font de les tortugues, anexa a los cuadernos literarios Ponent e impresa por Pere Serra en sus talleres de Atlante- cuando en su Nit de Nadal nos presenta la Navidad del proletario amarrado día tras día a una cadena deshumanizada de producción consumista que, si bien extrae de ella el cobertizo, el alimento y la vestimenta para sus hijos, le explota hasta lo más profundo de su aliento:

 

"Vindrà la nit de gran misteri

i haureu de treballar fins que el darrer

toc de sirena us alliberi.

Aleshores esclatarà la joia:

-Bon Nadal! Bon Nadal!


"Per una nit oblideu-vos de tot:

dels deutes, de la feina, de la gent,

i canteu com infants

les cançons inefables

i confieu que tot serà més pur

d’ara endavant."

 

Y esto sin hablar de la Navidad de los inmigrantes, de los marginados, de los exilados, de los niños abandonados, de los enfermos incurables, de los moribundos... La Navidad de los pavos, de los lechones y de los otros animales sacrificados para satisfacer nuestra gula... La Navidad de quienes se ven inmersos en situaciones de violencia, terrorismo o guerra... Y un sinnúmero más de "otras" navidades divergentes de la nuestra o de la que, por costumbre, asumimos como nuestra.

 

Tengamos para todos ellos, por lo menos en estos días, un sentimiento de simpatía, de amistad, de compasión hacia todos los seres, de justicia social y, si está a nuestro alcance, de activa buena voluntad.

 

Llorenç Vidal

 

(Última Hora, Palma de Mallorca, 24-25 diciembre 2005)

 

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