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REFLEXIÓN NAVIDEÑA INTEMPORAL

 

por

Llorenç / Lorenzo Vidal

 

 

En los estudios de religión comparada son frecuentes los paralelismos diseñados y establecidos entre celebraciones cristianas y festividades del mundo pagano, así como entre Cristo y algunas de las figuras mitológicas fundamentales de otras religiones, ya sea Apolo, Mithra, Krishna o Budha, para no citar más que una pequeña muestra Y no solamente ocurre esto en estudios filosóficos y científicos, sino también en obras de carácter literario. Dos ejemplos de ello, los que se me ocurren en este momento, son, de un lado, el estudio de similitudes y coincidencias que hace Helena Petrovna Blavatsky entre Jesús y Krishna en "Isis sin velo" y, de otro, el poema "Brod und Wein" ("Pan y Vino") del alemán Friedrich Hölderlin, una elegía en la que el cantor celebra conjuntamente a Jesús y a Dionisos. Y, aunque para algunos, sobre todo para los más pusilánimes, esto pueda resultar un poco desconcertante, no debería parecernos mal a los cristianos que intentamos unir, como vías convergentes de búsqueda, la fe con la investigación histórica y con la reflexión filosófica, ya que, a fin de cuentas, este fenómeno es un ejemplo intelectual de las palabras del salmista, cuando, al glosar la sed de Dios que hay en corazón humano, exclama: "Así como el ciervo busca las corrientes de agua viva, así el ser humano siente anhelos por la Divinidad". Y parte de este anhelo es el análisis y estudio del fenómeno religioso en su pluralismo y en sus distintas variantes.

 

Precisamente es un uno de estos estudios de religión comparada. el "Cristianismo esotérico" de Annie Besant, donde se encuentran unas páginas muy adecuadas para una reflexión navideña intemporal sobre las tres dimensiones complementarias y entrelazadas del Cristo histórico, el Cristo mítico y el Cristo místico, apelando para ello no sólo al sentido textual de las narraciones evangélicas, sino también a sus aspectos legendarios, así como al trasfondo simbólico, alegórico y espiritual explícitos e implícitos que están contenidos en las mismas, con el recurso a textos de origen apócrifo y gnóstico que, aunque no sean canónicos, contienen explicaciones, interpretaciones y detalles complementarios que un estudio comparativo no puede ignorar.

 

En el marco de su exposición y en relación con la fiesta de la Navidad y su celebración tradicional el 25 de diciembre, haciendo uso de los recursos de la mitología comparada nos dice. "La relación del solsticio de invierno con Jesús es significativa. El nacimiento de Mithra se celebraba en el solsticio de invierno con grandes regocijos y Horus también nacía por entonces". Y sobre la fijación del 25 de diciembre, se apoya en diversos estudiosos del tema, como Farrar que reconoce que "es inútil todo intento para descubrir el mes y día de la natividad, ya que no existen datos con que poderlos determinar ni aun siquiera de un modo aproximado", o como en Williamson, del que son estas líneas: "Todos los cristianos saben que el 25 de diciembre es ahora el día designado para la festividad del nacimiento de Jesús, pero pocos están enterados de que no siempre ha sido así". La cuestión de la variabilidad de fechas fue zanjada por Julio I el año 337 al elegir el 25 de diciembre para la iglesia romana y San Juan Crisóstomo escribía en 390: ‘Este día (el 25 de diciembre) también se fijó últimamente en Roma para el nacimiento de Cristo, con el propósito de que mientras los paganos estuviesen ocupados en sus ceremonias (las Brumalias en honor de Baco), pudiesen los cristianos celebrar tranquilamente sus ritos".

 

Además, el solsticio de invierno es una fecha muy adecuada por el simbolismo que entraña: el renacimiento solar y el consecuente reinicio del ciclo vital de la naturaleza. No en vano ya los paganos celebraban en esta fecha la festividad del "Natalis Solis Invicti", nacimiento del Sol Invencible, un sol invencible, que sobrepasando el simple sentido astronómico, se convierte en una alegoría asumida por Jesús de Nazaret, en el que, en palabras del Evangelio de San Juan, "El Logos se hizo carne y habitó entre nosotros".

 

En uno de mis haikais o haikus titulado "Nadal" e incluido en la colección de "Estels filants" recogía esta misma idea con estas palabras:

 

Betlem. Silenci.

Amb Ell reneix el Cosmos.

Amb Ell, la Vida.

 

Belén. Silencio.

Con Él renace el Cosmos.

Con Él, la Vida.

 

Y volviendo a Annie Besant, vemos como, entusiasmada por este simbolismo, en una de sus conclusiones nos dice: "Bien pensado, las fiestas de Navidad deberían ofrecer a los amantes de Cristo nuevos motivos de santificación y de regocijo, al considerarlas como continuación de una antigua solemnidad celebrada en todo el mundo desde los tiempos más remotos. Ciertamente, las campanas anunciadoras de tal festividad suenan a través de toda la historia humana, pues su armonioso repique sale del fondo de las tinieblas de las edades más primitivas. El sello de la verdad se encuentra en la aceptación universal, no en la posesión del exclusivismo".

 

Llorenç Vidal

 

(La Voz de Cádiz, Cádiz, 24 de diciembre de 2010)

(Última Hora, Palma de Mallorca, 14 de diciembre de 2010,

donde, debido a alguno de esos pitufos que se filtran a veces en las redacciones de los periódicos,

junto a la foto de Llorenç Vidal y a su calificación como "poeta y pacifista";

 se atribuía erróneamente este artículo a Javier Cánaves, que publicaba otro texto en la misma página)

 

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