La guerra, la escuela y los niños

 

por

Llorenç Vidal

 

 

 

En este mundo de finales del segundo milenio encontramos numerosos ejemplos patentes de violencia personal y ambiental, hasta el punto de que podríamos hablar de la dramática violencia nuestra de cada día. Y en los roces del engranaje de la dialéctica de violencia -estructural, subversiva y represiva- surgen, como una consecuencia natural de su funcionamiento, las trágicas chispas e incendios incontrolados de la destrucción de la vida humana, la intolerancia, el racismo, la xenofobia, el terrorismo, la tortura y la guerra, no como datos teóricos, sino como hechos que están ahí y que son conocidos por los niños y los adolescentes.

Al estudiar y clasificar los procedimientos para una educación no-violenta y pacificadora (1) (entendiendo por pacificadora la educación para la paz que aspira a ser una educación en y para la paz) incluí un orden de procedimientos preventivos, consistentes, según Pierre Bovet, en "dejar ignorar durante el mayor tiempo posible al niño las luchas, las querellas, las disputas, las guerras a que los hombres se lanzan entre sí" (2). Se trata de evitar que el niño entre en contacto prematura e innecesariamente con hechos, conocimientos y prácticas que -por su poder de sugestión y de condicionamiento posterior- puedan excitar, estimular y encarrilar de una forma violenta el instinto de lucha que lleva latente en su interior.

Sin embargo estos procedimientos preventivos considerados en términos absolutos son impracticables, ya que la violencia y la guerra están ahí, como "una fatalidad que regula las fases de la historia" (3), por lo cual la fidelidad a la verdad nos llevará a tener que considerar y estudiar, en la familia y en la escuela, los hechos violentos y belicosos, con el objetivo de que, conociendo el pasado y el presente de la evolución humana, los educandos sean capaces de trabajar por una humanidad mejor.

 

No obstante, estos mismos procedimientos preventivos sí son practicables en un sentido moderado y relativo, sobre todo en lo que se refiere a evitar la incidencia de innecesarios ejemplos negativos facilitados por el ambiente -juegos y juguetes bélicos, por ejemplo-, por los medios de comunicación social -cine, televisión, prensa, etc-, por la literatura -narraciones de exaltación y apología bélica o criminal-, etc., que pueden pervertir el instinto luchador, transformándolo en violento y endureciendo la conciencia y el corazón por medio de la brutalidad, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y la crueldad.

 

En consecuencia, conviene que, por el estudio racional y crítico y por medio de la reflexión personal, el niño y el adolescente sean orientados para que aprendan:

 

1º. Que las distintas formas de violencia, el armamentismo y la guerra no son un juego, sino una triste y sangrienta realidad, como una triste y sangrienta realidad son la enfermedad, la miseria y el hambre que asolan grandes sectores de nuestro planeta.

 

2º. Que el belicismo y quienes hacen su apología, al defender la violencia y la guerra como instrumentos de poder y como falsas soluciones a los problemas nacionales e internacionales, se hacen cómplices y éticamente corresponsables de los crímenes cometidos en el pasado, en el presente y en el futuro por todos los conflictos armados que ha sufrido, sufre y pueda sufrir la humanidad.

 

3º. Que la carreta armamentista de nuestro tiempo no es una fiesta inofensiva, sino una premeditada preparación para una guerra real que está situando el mundo al borde de una catástrofe sin precedentes. Además, como dice Eulogio Díaz del Corral, autor de la Historia del pensamiento pacifista y no-violento contemporáneo (4), en su decálogo Por qué soy pacifista, la guerra -en la que siempre se "ocultan intereses económicos de los que ya son poderosos y opresores"- "se lleva los recursos humanos y económicos que necesitamos para luchar contra la pobreza, la marginación, la incultura y las enfermedades" (5).

 

4º. Que, frente a las respuestas violentas para intentar resolver los conflictos, existen las alternativas no-violentas, con sus grados progresivos de manifestación pacífica, no cooperación y desobediencia civil, tal como las usaron, entre otros, M.K. Gandhi, A. Luthuli, M.L. King, Danilo Dolci, Lanza del Vasto, etc.

 

5º. Que, como una actitud comprometida de rechazo al belicismo y a su instrumento institucional, existen también las opciones de objeción de conciencia.

 

6º. Que la educación no-violenta y pacificadora -entre cuyas realizaciones están la educación para el respeto a los derechos humanos, la educación para el desarme y el Día Escolar de la No-violencia y la Paz" (DENIP), que se practica anualmente el 30 de enero de cada año (30 de marzo en los países con calendarios escolares propios del Hemisferio Sur), como punto de partida, profundización y apoyo para una Educación en y para la Paz de carácter abierto, universal, profundo y permanente- es una tarea de autoconcienciación, autoejercitación y autorresponsabilización que dura toda la vida, con el objetivo de crear ideales positivos y fortalecer las defensas no-violentas de la paz en la conciencia, el sentimiento, la acción y la voluntad de los ciudadanos, en los que radican los cimientos de la sociedad (6).

 

Como reconocen Anna Freud y Dorothy T. Burlingham, en su obra La guerra y los niños, "desviar la agresividad natural del niño, es uno de los fines reconocidos de la educación... Una educación inteligente tenderá a desviar estos impulsos agresivos de su propósito inicial, encauzándolos hacia el bien. Se fomentará la lucha contra las dificultades del mundo exterior, el cumplimiento de tareas diversas en concursos donde se midan las fuerzas, y, en general, toda obra de 'bien', en oposición al impulso primitivo de hacer el 'mal" (7).

 

Llorenç Vidal

 

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Notas:
(1) Llorenç Vidal: Fundamentación de una Pedagogía de la No_violencia y la Paz, Edit.
(2) Pierre Bovet: El instinto luchador, Edit. Edit. F. Beltrán, Madrid, pág. 324.
(3) Henri Troyat: De l'orgueilleux boyard au prophéte excomunié", en Tolstoi, Hachette, París, pág. 11.
(4) Eulogio Díaz del Corral: Historia del pensamiento pacifista y no_violento contemporáneo, Edit. Hogar del Libro, Barcelona.
(5) Eulogio Díaz del Corral: ¿Por qué soy pacifista?, en Día Escolar de la No_violencia y la Paz, 31ª edición, pág. 4.
(6) Lorenzo Vidal: No_violencia y Escuela, Edit. Escuela Española, Madrid.
(7) Anna Freud y Dorothy T. Burlingham: La guerra y los niños, Edit. Hormé, Buenos Aires, pág. 20.

 

(Cuadernos de Pedagogía, Barcelona, nº. 232, enero 1995)

 

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