La Navidad de Gabriela Mistral

 

por

Llorenç Vidal

 

Gabriela Mistral, poetisa y pedagoga chilena galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1945, autora de la sublime "Oración de la Maestra", donde escribió "¡Señor!... Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos", consiguió hacer de su idealización de la función docente una aspiración hacia una de las formas más elevadas de belleza. Y lo reflejó a través de toda su obra literaria, ya que -en sus mismas palabras- se puede y se debe, de una manera completa e integrada, "enseñar con la actitud, el gesto y la palabra", por lo que vierte una gran exuberancia de dulzura educativa y hay una rica fuente de sugerencias poéticas y pedagógicas diseminadas a lo largo y a lo ancho de su producción en prosa y en verso. Y entre estas sugerencias poéticas destacan las relativas a la infancia y las que evocan su visión personal de la Navidad.

 

Y ésta, su visión personal de la Navidad, es plural y diversificada, como plural y diversificada es en la mente y en las colectividades de los seres humanos. Unas veces acoge aspectos tradicionales, edulcorados, pintorescos y coyunturales de la cultura popular, como cuando nos describe:

 

"Noel, el de la noche del prodigio,

Noel de barbas caudalosas,

Noel de las sorpresas delicadas

y las pisadas sigilosas!"

 

No faltan, como en el alternativo "Noel indio", tan diferente del anterior, momentos en los que ahonda en el contraste de la Navidad con la pobreza y el desvalimiento de los poblados, de las familias y de la infancia marginados:

 

"En el aire de los Andes

y en el rastrojo crudo,

mi único don voy dando

a mi niño desnudo.

 

No hay viento de la Puna

que silbe tan agudo,

como silba llamándote

el tu niño desnudo"

 

Y en otras ocasiones, es el caso del bellísimo "Romance de Nochebuena", se enternece ante el misterio simbólico del nacimiento de Jesús, al que, deslocalizándolo de su ubicación geográfica e histórica, dota de una dimensión intemporal y universal:

 

"Vamos a buscar

donde nació el Niño:

nació en todo el mundo,

ciudades, caminos…"

 

No podía ser de otra manera en una mujer enternecida y enternecedora que, conmovida por la problemática de la miseria inmemorial que, como contrapartida de su mayor o menor desarrollo y como una fatalidad inexorable, arrastran nuestras civilizaciones, exclamó en un muy conocido e inolvidable poema, que siempre me ha impresionado profundamente y que he citado con reiterada frecuencia ya que es una pieza clave para el conocimiento y la interpretación de su obra:

 

"¡Piececitos de niño,

azulosos de frío,

¡cómo os ven y no os cubren,

Dios mío!

 

¡Piececitos heridos

por los guijarros todos,

ultrajados de nieves

y lodos!"

 

Gabriela Mistral (1889 – 1957), un nombre literario de ecos provenzales, poetisa, pedagoga y diplomática; chilena, hispánica y universal; una voz que cantó la infancia y, en la figura de la Navidad, el místico símbolo de la permanente renovación de la vida. Gabriela Mistral, aquí y ahora, una vez más, a través de su poética, está presente entre nosotros.

 

Llorenç Vidal

 

(La Voz de Cádiz, Cádiz, 26 de diciembre de 2008,

y Ultima Hora, Palma de Mallorca,30 de diciembre de 2008)

 

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