Ejemplo, modelo e ideal en

la Educación para la Paz

 

por

Llorenç Vidal

 

Joseph Göttler (1874-1935), educador alemán y, por ende, europeo, Profesor de Pedagogía y Catequética de la Facultad de Teología de la Universidad de Munich, tuvo una especial irradiación en España allá por la segunda mitad de los años cincuenta y durante la década de los sesenta gracias a la traducción de su Pedagogía Sistemática por Juan Tusquets y a la influencia nacional de que gozó la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona en aquella época, ya que, junto con la de Madrid, eran las dos únicas facultades en la materia existentes en nuestro país.

 

Yo que, a través de Tusquets, soy un poco discípulo heterodoxo de Göttler, siempre he considerado que la teoría pedagógica göttleriana, por su versatilidad y sin ser expresamente una pedagogía no-violenta, pacifista o pacificadora en sentido estricto, ofrecía algunos aspectos aplicables en el campo de la Educación para la No-violencia y la Paz. Y uno de estos aspectos es la valoración que hace del ejemplo, del modelo y del ideal como medios educativos y cuyos conceptos delimita según su funcionalidad educadora.

 

Así, considera que el ejemplo educativo "es la conducta de una persona determinada, cuando por sí misma induce a la imitación" y acto seguido precisa que el ejemplo puede ser encarnado por "cualquier personalidad -tanto real como presentada en un cálido relato- cuyos actos y sentimientos se pongan a tono con los del educando y que de un modo u otro se le imponga y le resulte simpática" .

Este mismo ejemplo se convierte en un modelo "cuando suscita en el educando un proceso de imitación parcial o total" y se transforma en un ideal "si constituye el centro del interés y el blanco de los anhelos del discípulo" .

Podemos decir que el ejemplo está en el en-sí, es decir en el entorno del educando, en el campo de la objetividad exterior, y es cuando se transforma en el en-mí, o sea, pasa del entorno al dintorno de la subjetividad, cuando se convierte en modelo y en ideal.

Desde el punto de vista de su contenido, conviene distinguir entre el ejemplo, modelo e ideal viviente, el histórico y el ficticio o imaginado. Atendiendo al ángulo de su intencionalidad pedagógica, hemos de distinguir entre el intencionado, que obedece a propósitos o a objetivos educativos, y el espontáneo, que surge de la fluencia de la vida individual o social. En lo que respecta a su motivación psicológica, puede ser repulsivo, atrayente, alentador o normativo para la conducta del educando. Y en lo relativo a su ética, tenemos los buenos, los ambiguos y los malos ejemplos, modelos e ideales.

Tanto los unos como los otros pueden ser presentados en vivo (cosa harto difícil en los intencionados) o mediante la narración oral, la lectura, representaciones icónicas o medios audiovisuales o informáticos.

Josef Göttler se pregunta: "¿En qué se funda el poder -tanto para la educación como para la seducción- que siempre se ha reconocido al ejemplo?" . Y responde que, a su entender, radica en dos fuerzas: "la intuición, que ejerce sobre la juventud un influjo redoblado y se alía con el instinto de imitación" y "la transferencia de los sentimientos, expresados por la conducta del modelo, intensificada muchas veces por los elogios y los éxitos que esta conducta alcanza. Entre estos sentimientos suelen sobresalir el de la propia dignidad, el valor, la energía y la decisión" . Y añade: "El buen ejemplo constituye la forma más temprana y durante largo tiempo más intensa para enseñar e inspirar el bien, el malo es una provocación a transgredir los límites, bien pronto captada por las malas inclinaciones" .

 

En la práctica del Día Escolar de la No-violencia y la Paz (DENIP), 30 de enero de cada año, en el aniversario de la muerte del Mahatma Gandhi, y de la Educación No-violenta y Pacificadora, los educadores deberíamos tener presentes las grandes potencialidades de estos medios educativos, no sólo manteniendo al educando alejado lo más posible de los ejemplos negativos y ambiguos que incitan al odio, el egoísmo, la intolerancia, el racismo, la violencia, etc., y si éstos inevitablemente se dan por circunstancias ambientales someterlos a un análisis crítico; sino procurándole, de una manera selectiva, discreta y dosificada, ejemplos positivos que le cautiven y puedan transformarse en modelos e ideales de vida.

Tradicionalmente se ha insistido en la gran importancia del ejemplo del educador, que debería consistir "en la perfecta concordancia entre sus enseñanzas y su conducta" . Considero que este paradigma filosófico, válido en teoría, tiene sus limitaciones prácticas en la relatividad de la vida diaria y, si bien puede resultar desorientadora para el discípulo la divergencia notoria, el educador no puede esperar a ser "perfecto" para educar en valores, sino que, admitiendo su imperfección, debe enseñar humildemente los caminos que conducen a la fraternidad, la tolerancia, la no-violencia y la paz. Eso sí, nunca debe simular una perfección que no posee, ni caer en la hipocresía docente, ni en la mojigatería, ya que esto -descubierto por los alumnos pronto o tarde- les puede conducir a una fatal desilusión que desacredite todos los aprendizajes éticos adquiridos y les inmunice contra los que puedan adquirir en el futuro.

En relación con los ejemplos vivientes (si se presentan intencionalmente deben ser muy sólidos, comprobados y coherentes) y también en parte con los históricos, conviene no proponerlos nunca de un modo absoluto, ya que todos somos humanos, imperfectos y con muchas caras opacas y disimuladas, y si se opta por ofrecerlos hacerlo sólo en uno u otro aspecto o trabajo muy concreto y siempre con una gran prudencia y relatividad.

 

No cabe decir que la eficacia del ejemplo, del modelo y del ideal, en Educación en y para la No-violencia y la Paz, así como en toda educación en valores, será tanto más segura cuanto más concreta, sugestiva y duradera sea su relación con el educando.

 

Llorenç Vidal

 

(Última Hora, Palma de Mallorca, 29 de enero de 2005

La Voz de Cádiz, Cádiz, 29 de enero de 2005

Revista ANPE Andalucía, Jaén, núm. 134, enero-febrero 2005)

 

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