Poesía y amistad hispano-marroquí

por

Llorenç Vidal

 

 

"Al-Mandari, el granadino fundador de Tetuán"

una de las obras históricas de Guillermo Gozalbes Busto

En la portada la mezquita Sidi Alí Ben Raisun (Tetuán)

 

Casi siempre la coexistencia de los países vecinos -como la mayoría de las veces la de los conciudadanos más próximos- está tejida de encuentros y desencuentros, de confianzas y desconfianzas, de comprensiones e incomprensiones, como en una interminable dialéctica en la que sucesivas tesis y antítesis deben resolverse en síntesis de orden superior.

Por esto a la hora de los desencuentros, de las desconfianzas y de las incomprensiones, es bueno acudir -sin autosuficiencias ni hegemonismos, que siempre resultan molestos- al recuerdo de los estados y de los momentos de compenetración para afianzar constructivamente lo positivo y favorecer la superación de los roces y de las situaciones de crisis.

Y esto deberíamos tenerlo muy en cuenta después del trágico 11-M... Y no olvidarnos de que las generalizaciones -habitualmente generalizamos lo negativo solamente- no sólo son inexactas, ya que no todos los individuos somos iguales, sino que además son fuente injustificada de prejuicios racistas y xenófobos que dificultan la convivencia. Por eso, al acordarnos de los terroristas que planearon, ejecutaron y colaboraron en la masacre, hemos de recordar también a los jóvenes tangerinos Oussama Al-Amrati y Sanae Ben Salah, así como al rifeño M'hamed Itaiben, que fueron víctimas del atentado como unos españoles y otros inmigrantes más, mártires también del 11-M.

Hemos de hacer memoria, al mismo tiempo, de los años de coexistencia pacífica y de buena vecindad, así como de los españoles -pobres o ricos, de derechas y de izquierdas- que en anteriores circunstancias desfavorables para nosotros y según los vaivenes de la historia, encontraron hospitalaria acogida en los países magrebíes y que fueron, con sus virtudes y sus defectos, puentes de diálogo y lazos de interculturalidad. Un caso próximo lo constituyen los baleáricos que antaño se establecieron en Argelia, habiendo sido uno de sus descendientes, por línea materna, el escritor y filósofo franco-argelino Albert Camus, Premio Nobel de Literatura en 1957.

Otro ejemplo, en el que voy a detenerme, fue Guillermo Gozalbes Busto, que, en su refugio norteafricano, halló una fuente inagotable de inspiración literaria, plasmada fundamentalmente en su libro "Marruecos poético", publicado en Tetuán en 1963, que lleva la expresiva dedicatoria: "A mis hijos, españoles nacidos en Marruecos" y donde encontramos una manifestación viva de la amistad hispano-marroquí, hasta el punto de llegar a considerar a Marruecos como su segunda patria, con la doble y simultánea nostalgia de España desde Marruecos y de Marruecos desde España. Testimonio de ello es su bipolar poema "Marruecos y España":

"¡Ay! Siento el corazón que se dirige

a Iberia y Mauritania".

 

La poesía de Gozalbes Busto comprende un emocionado recorrido histórico -ahí están sus romances- y geográfico por los lugares de mayor vinculación hispánica, un recorrido que llega a su cumbre en evocaciones tan sentidas, entre otras muchas, como "Tetuán la blanca", "A Chauen", "A Tánger", "A Alkazarquivir", "Playas del Rif", tan similares a las calas mallorquinas y vistas por el poeta como

"¡Borrachera de sol entre montañas!".

Sus meditativas composiciones "A las ruinas de Tamuda"  y "A las ruinas de Volúbilis" están llenas de paralelismos elegíacos y gnómicos con "A las ruinas de Itálica" de Rodrigo Caro y con "Sobre les ruïnes del teatre romà de Pollentia" de Miquel Costa i Llobera.

Sin entrar en disquisiciones dogmáticas, tan lejanas de su mentalidad, especialmente sensibles y bellos son sus poemas inspirados en aspectos concretos de la religiosidad popular, como "La oración del alba", "La plegaria", "La oración de la tarde", "A Mulay Idris" o "Sidi Abdelkader Tabbin". De todos ellos me quedo, como muestra, con la bien construida décima de inspiración artística y arquitectónica "La mezquita". Dice así:

"La portada de herradura,

de arabescos adornada;

una cúpula achatada

y una torre que a la altura,

fina, eleva su estructura.

Un patio que el sol no quita,

o una sala que lo evita,

con un hueco allá delante

orientado hacia levante.

Esta es toda la mezquita".

 

Guillermo Gozalbes Busto, nacido en Ceuta el 2 de mayo de 1916. Maestro. Conocedor del árabe dialectal marroquí y del árabe culto. Doctor en Historia y en Derecho. Académico de la Real Academia de la Historia. Masón y rosacruz. Depurado de su puesto de trabajo en 1936. Refugiado en Tetuán, donde funda la Medersa es-Saada (Escuela de la Felicidad) y se hace cargo de la Academia la General. Director de la Biblioteca Española de dicha ciudad. Rehabilitado como maestro con todos sus derechos por el gobierno democrático de Adolfo Suárez. Poeta, escritor e investigador en estudios históricos, especialmente sobre los moriscos, publicados en distintos países... Murió en Cuenca el 29 de marzo de 1999. Está enterrado en Granada y en trámite de trasladar sus restos al panteón de masones ilustres de España. Cifró el afán de su vida en aprender y en enseñar. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre "en el buen sentido de la palabra, bueno", en la expresión de Antonio Machado... Y un ejemplo de la permanente y estable amistad intercultural que -más allá de todos los problemas pasados, presentes y futuros- deseo entre las personas de buena voluntad de Marruecos y de España.

 

Llorenç Vidal

 

(Última Hora, Palma de Mallorca, 13 de mayo  de 2004)

 

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